NUESTROS TRATAMIENTOS

Cirugía Laparoscópica del Reflujo Gastroesofágico

El reflujo gastroesofágico (“ardor de estómago”) es el síntoma digestivo más frecuente. En los casos de reflujo gastroesofágico patológico existen técnicas quirúrgicas mínimamente invasivas que han demostrado su eficacia para mejorar los síntomas.


¿Qué es la Enfermedad por Reflujo Gastroesofágico (ERGE)?

La enfermedad por reflujo gastroesofágico es una de las enfermedades crónicas más comunes tratadas por los médicos. Se refiere a la enfermedad que se caracteriza por la presencia de síntomas crónicos y/o daño en la mucosa del esófago a causa de un reflujo anormal del contenido del estómago hacia el esófago.

Los síntomas son a menudo descritos como una "sensación de ardor" detrás del esternón, en el cuello o en la parte posterior de la garganta. Muchas veces los síntomas son después de comer o beber, a menudo empeoran cuando se está acostado o al agacharse. Es frecuente también la regurgitación de alimento no digerido y numerosos eructos.

El reflujo gastroesofágico no tratado puede causar inflamación del esófago. Con el tiempo ésta inflamación puede conducir a la formación de cicatrices o estenosis (estrechamiento) del esófago. Una de las complicaciones más preocupantes de la exposición crónica del esófago al contenido gástrico es el desarrollo de "esófago de Barrett". Este término describe los cambios microscópicos en el revestimiento del esófago y se ha demostrado ser un factor de riesgo independiente para el desarrollo de cáncer de esófago. Cuando se identifica de forma temprana y se trata adecuadamente esta situación puede ser controlada e incluso revertirse.

La causa de reflujo se explica por la incompetencia de la válvula muscular que existe a nivel de la unión entre el esófago y el estómago. Cuando la función de ésta válvula se altera como resultado de cambios anatómicos se favorece el paso de contenido gástrico ácido hacia el esófago. La causa más común de esta alteración anatómica es una hernia de hiato.

El esófago atraviesa el tórax y entra en el abdomen a través de una abertura en el diafragma llamada hiato esofágico. En algunas personas esta abertura puede ampliarse y permitir que la parte inferior del esófago y el estómago puedan deslizarse hacia el tórax. Este cambio anatómico interrumpe el mecanismo de válvula que impide que los alimentos, los líquidos y el contenido del estómago pasen all esófago inferior; de ese modo aparecen el reflujo y sus síntomas.

Hay otras causas para el reflujo que no siempre son atribuibles a la insuficiencia del esfínter esofágico:

  • Obesidad
  • Embarazo
  • Alcohol
  • Fumar uso / tabaco
  • Ciertos medicamentos prescritos
  • Factores dietéticos: la comida picante y especiada, bebidas gaseosas, el vinagre, los cítricos, chocolate, cafeína...

Tratamiento médico del reflujo gastroesofágico

El manejo inicial de reflujo debe basarse en el cambio de algunos hábitos:

  • Identificar y evitar aquellos alimentos y bebidas que se asocian con un empeoramiento de los síntomas.
  • Modificar los horarios de las comidas para que la última comida se haga 3-4 horas antes de acostarse.
  • Levantar la cabecera de la cama para evitar los síntomas nocturnos.
  • No fumar
  • La pérdida de peso es también de gran importancia, así como el uso de ropa suelta.

Si con estos cambios de hábitos no se consigue una mejora significativa de los síntomas el siguiente paso es el uso de fármacos. Existen diferentes fármacos que disminuyen la producción de ácido por el estómago; su médico de cabecera o su especialista en Digestivo pueden aconsejarle sobre medicamentos y dosis.

Desafortunadamente, muchas personas continuan teniendo síntomas a pesar de recibir tratamiento médico a largo plazo y a dosis elevadas. Esta es una de las razones más comunes por la que los pacientes son remitidos para consulta por el Cirujano. Recientemente, ha habido una cierta preocupación de que el uso prolongado de IBP (inhibidores de la bomba de protones) puede conducir a la pérdida de masa ósea.

Las razones más comunes por las que los pacientes y los médicos optan por la intervención quirúrgica son:

  • Falta de control de los síntomas a pesar del tratamiento médico.
  • Presencia de esofagitis.
  • El esófago de Barrett.
  • El deseo de interrumpir la medicación.

¿Cómo se hace el diagnóstico?

Aunque muchos casos de reflujo pueden ser determinados por la historia clínica y los síntomas, se necesitan otros estudios para confirmar el diagnóstico y determinar el tratamiento más adecuado.

Durante este procedimiento un endoscopio (un tubo largo y delgado con una cámara en el extremo) se pasa desde la boca hacia el esófago y el estómago. Este procedimiento permite la visualización directa del esófago y puede determinar la gravedad del reflujo. También permite tomar biopsias para evaluar la presencia de esofagitis de Barrett y para descartar la presencia de un cáncer.

Consiste en la colocación de un fino catéter a través de la nariz hasta que el extremo del tubo se encuentre ligeramente por encima de la unión entre el esófago y el estómago. El catéter incluye sensores de pH que pueden detectar la exposición al ácido y transmite esta información a un pequeño dispositivo que el paciente coloca en su cinturón. La prueba se lleva a cabo generalmente durante 24 horas. Otro dispositivo frecuentemente utilizado del que disponemos en nuestra Unidad es la cápsula Bravo que se coloca por endoscopia, eliminando la necesidad del catéter. La cápsula se elimina de forma espontánea con la deposición en el plazo aproximado de 48 horas.

El Esofagograma o estudio esofagogastroduodenal con contrate es un estudio radiológico en el que el paciente ingiere un contraste que permite valorar la anatomía del esófago, así como la motilidad esofágica. La motilidad son los movimientos coordinados que realiza el esófago para “empujar” lo que ingerimos hasta el estómago. El reflujo crónico puede alterar la motilidad esofágica y la valoración de éste trastorno antes de la cirugía puede cambiar el tipo de cirugía que se realiza.

Esta prueba proporciona información cuantificable en cuanto a la presión generada por el esófago tras la deglución. Se pasa un tubo a través de la nariz y se sitúa en el esófago. Unos orificios laterales a lo largo del tubo permiten localizar la zona de alta presión (esfínter esofágico inferior), la longitud del mecanismo de válvula, así como determinar la presión generada en diferentes áreas del esófago.

La necesidad de una o todas las pruebas anteriormente mencionadas se basa de los síntomas clínicos del paciente y en los hallazgos de la endoscopia y del esofagograma.

¿Qué tipo de cirugía se realiza para corregir la Enfermedad por Reflujo Gastroesofágico?

El tratamiento de la ERGE casi siempre se realiza mediante la técnica laparoscópica. La cirugía mínimamente invasiva permite al cirujano visualizar y manipular la parte superior del estómago y el esófago inferior mejor que con la cirugía abierta. La cirugía laparoscópica permite un óptimo acceso a ésta zona del abdomen haciendo el procedimiento mucho más seguro y con menos molestias post operatorias.

Un componente clave del procedimiento es garantizar que hay una longitud adecuada del esófago dentro de la cavidad abdominal. La capacidad de movilizar la parte inferior del esófago y el estómago superior se simplifica con el uso de la técnica laparoscópica. Una vez que el esófago se ha situado en la posición adecuada se realiza un cierre con sutura del hiato esofágico. Ocasionalmente, en caso de hiatos muy agrandados, se utilizan prótesis biocompatibles para el cierre del defecto sin tensión.

A continuación se realiza un procedimiento denominado “fundoplicatura” para crear una nueva zona de alta presión. La más utilizada es la funduplicatura de Nissen en la que la parte superior del estómago rodea la circunferencia completa del esófago distal (360 grados) en forma de “corbata”. Existen otras variaciones de esta técnica en las que el esófago queda rodeado por la parte alta del estómago en 180 o 270 grados. El tipo de fundoplicatura a menudo se determina antes de la cirugía y se basa en los resultados de estudios preoperatorios.

¿Cuánto tiempo dura la cirugía?

Ningún procedimiento es igual entre dos pacientes con la misma enfermedad. Los factores anatómicos, historial médico/quirúrgico y el tamaño de la hernia juegan un papel importante en la duración del procedimiento. En general, en el procedimiento quirúrgico no se suele emplear más de 60-90 minutos.

¿Cómo es la recuperación?

La mayoría de los pacientes pueden ser dados de alta el día después de la cirugía. Por lo general, en el plazo de 3-5 días después de la cirugía las molestias son escasas y los pacientes son capaces de moverse y realizar actividades de la vida diaria sin problemas. Para la realización de deporte y ejercicio intenso recomendamos esperar de 2-3 semanas para reducir las posibilidades de una hernia hiatal recurrente.

¿Cuáles son los cambios en la dieta después de la cirugía?

Usted recibirá instrucciones explícitas sobre la dieta, tanto antes como después de la cirugía. Tras la intervención recomendamos un periodo de 2-3 semanas de dieta en forma de purés, para pasar progresivamente a una dieta normal.